
Por Adrián Ruíz de Chávez
Para todos aquellos interesados en los procesos de liderazgo, alta dirección y desarrollo de equipos de alto rendimiento, la historia reciente de Hugo Sánchez Márquez como director técnico de la Selección Mexicana de Fútbol ofrece una serie de puntos de reflexión de primer orden. Veamos algunos:
Ante todo, es justo reconocer que Hugo Sánchez ha sido en muchos sentidos un mexicano ejemplar, inspiración para muchos y que ha logrado cosechar una serie de éxitos notables tanto en su carrera activa como jugador de fútbol como en su breve carrera como director técnico. Es, lo que bien puede llamarse, un triunfador. (Aunque ya se ve que la perfección está lejos de ser materia encontrable en este mundo).
Reconociendo lo anterior, me parece pertinente iniciar mi análisis con lo positivo:
1. Es fundamental vivir con una serie de metas claras, positivas y retadoras. Lo que algunos autores han llamado el poder de una visión de futuro, que conviene que sea positiva y alentadora y que nos lleve a exigirnos más y dar más. No olvidemos cuando (estando desempleado) declaraba: Voy a ser primero el director de los pumas, luego el director de la selección nacional mexicana y luego del Real Madrid. Ahí la lleva, aunque no todo lo bien que hubiera querido, pero es relevante atestiguar el poder de una visión.
2. Es importante cultivar el pensamiento positivo. Hugo suele decir: Las buenas vibras. Aunque personalmente no creo en la existencia de algo así como la energía cósmica y “las vibras”, el pensamiento positivo (presente en las porras de “sí se puede”) abre espacios de posibilidad para la construcción del futuro deseado. La Programación Neurolinguística de hecho trabaja sobre este fenómeno: La convicción profunda en la mente de la persona de que sí puede, sí merece y sí va a lograr, le abren puertas.
Véase la película de Rudy para conocer un hermoso caso. Más que buenas vibras, me parece que hay que hablar de determinación, fe y esperanza: Todas ellas precursoras del éxito de la acción. Cerca de esto está la esencia de “ser un buen motivador”. Hugo es un claro ejemplo de ello. (Y no se debe culpar a los medios de “echar malas vibras” como justificantes de errores en el desempeño del equipo).
3. El que persevera alcanza (y el que no, pues no). En la vida hay que moverse, salir en la foto, empujar, hacer todo lo posible para que los sueños de uno verdaderamente se hagan realidad. Como decía conocida canción de Tracy Chapman: Si tú no, ¿quién?; si no ahora, ¿cuándo? En la vida es necesario alzar la mano, dejarse ver, hacer ruido, mover el agua. Bien se dice a nivel popular: Que hablen de ti… si se puede bien, mejor.
4. Defiende a tu equipo. Habla bien de ellos, consiéntelos en todo lo que se pueda. Los buenos líderes saben que si llegan lejos es por su gente. Ya lo sugiere Berthold Brecht: En las gloriosas batallas de Alejandro Magno o Napoleón Bonaparte, ¿quién preparaba la comida?, ¿quién ensillaba los caballos?, ¿quién encendía la mecha de los cañones?, ¿quién clavaba la espada en el vientre de los soldados enemigos? El equipo. Todo es el equipo. Y el líder debe ser el servidor de todos (sobre esto ya hablaremos en otra entrega).
Por la parte negativa, desde luego que también hay buenas lecciones qué aprender:
5. La humildad debe ser la primera virtud del liderazgo. A Hugo lo derribó, entre otras cosas su soberbia. De las alucinaciones del súper ego (o ego inflado, nada que ver con Freud) es muy difícil bajar a la autocrítica y al servicio. Y si no hay ni autocrítica ni servicio a los otros es muy fácil llegar al desastre. Cierto es que el pez por su boca muere. Los hombres más, porque a menudo hablamos de más. Humildad deriva de la voz latina humus que significa suelo. El humilde tiene bien claros sus defectos que lo acompañan por donde pisa. Y debemos recordar que si tenemos dos oídos y una boca es para escuchar el doble de lo que hablamos.
6. No todo es mentalidad y pensamiento positivo. El liderazgo eficaz requiere aprendizaje, conocimiento, dominio técnico. Para los conocedores de fútbol (no yo) la dirección de Hugo en la Selección falló entre otras cosas por no saber leer bien un partido, no mostrar variantes suficientes ofensivas o defensivas, no hacer los cambios requeridos o hacerlos muy tarde. El liderazgo eficaz requiere ponerse a estudiar. Y muy duro.
7. Siembra odios y cosecharás tempestades. El liderazgo, las posiciones de alta dirección tienen mucho ver, en su ejercicio, con la política y con la ética. La clave de la política es sumar: Ganar adhesiones, ganar adeptos. Despotricar contra unos y otros no contribuye a esto. La ética implica esforzarse en la propia virtud y reconocer los propios vicios. Aplaudir las virtudes de los demás. Y en ser tolerante con sus defectos.
8. Reconocer los propios límites: Si no puedo, debo pedir ayuda. No saber no es tan grave si se está dispuesto a dejarse ayudar.
9. No debe dejarse sólo al Director General (o al director técnico como es en este caso). Lo que hemos planteado anteriormente en este mismo espacio: Debemos reconocer que todo hombre (o mujer) de vértice (o cualquier otro) es un “pecador estándar” (o sea que en este mundo, el que no cae, resbala). Y lo que ocurre con una empresa (sea de negocios o una selección de fútbol) es un asunto de bien común: que interesa a muchos involucrados. Todos deben poner su granito de arena para la construcción del bien común, y el director de la orquesta está obligado a dejarse ayudar.
Hasta pronto.

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