
Por Abraham Hernández
La Narcoeconomía cuenta con un consumo y demanda de drogas que generan y aseguran una enorme rentabilidad y una altísima tasa de acumulación de capitales.
El narcotráfico se ha convertido en el primer gran negocio mundial (por encima del armamentismo y de los hidrocarburos). Ello a su vez abre a los grandes carteles de la droga las posibilidades de un alto grado de concentración y centralización de poderes económicos.
Las enormes ganancias en efectivo, su concentración en un pequeño número de dirigentes, en el contexto de países atrapados por la crisis económica, el estancamiento y regresión del crecimiento, la inflación, la devaluación, permiten a los narcotraficantes comprar todo tipo de bienes, servicios, conciencias y voluntades a precios favorables, con ello se logra así una fuerte presencia en las economías nacionales a las que se controla además de modificar fuerzas y estructuras socioeconómicas.
Es un hecho que el narcotráfico contribuye, en efecto, a la generación y a la expansión del empleo y del ingreso, y a una cierta mejora relativa del modo y nivel de vida, para un número considerable de grupos y sectores, por las actividades, inversiones y consumos que los narcotraficantes realizan directamente, en sus actividades lícitas e ilícitas, y por los efectos amplificadores que inducen en otras ramas y sectores de la economía nacional.
En lo que va de la presente administración federal, México se ha enfrentado a una de sus peores olas de violencia. Ante tal recrudecimiento, tanto los ojos de la sociedad como de los medios de comunicación han quedado atónitos.
Simplemente los números son escalofriantes: más de dos mil quinientas muertes en el 2007 y en lo que va del presente año ya se contabilizan cerca de mil doscientas; estas cifras sólo son superadas por el número de muertos en Iraq que al mes de abril sumaban dos mil setecientos treinta.
Las bandas del crimen organizado y los carteles de la droga, ni por mucho superan en número y armamento a las fuerzas castrenses, pero si hablamos de cuerpos policíacos la historia es distinta, no sólo los superan en número y armamento, sino en logística, organización y cooperación.
Se ha dejado constancia de los vínculos existentes entre bandas de narcotraficantes, secuestradores, maras y demás grupos delictivos, denotando su capacidad de organización y mutua cooperación.
En materia de incautaciones y detenciones los números a primera vista parecerían alentadores, sin embargo las estructuras financieras y de lavado de dinero aún no han sido golpeadas, debido en gran parte a la complejidad misma del problema y la falta de recursos, tanto humanos como materiales, para darle cauce a las investigaciones que en materia financiera se refiere.
Es lamentable que ante tantas corporaciones policíacas existentes en nuestro país sigamos sin poder hacer frente común a tales hechos. La descoordinación y falta de capacitación táctica y logística entre las corporaciones, así como la inexistencia en muchos casos de sistemas de inteligencia, hacen que la violencia sólo se combata con más violencia y no con estrategia e inteligencia.
Y una cosa lleva a la otra, la falta de educación de los cuerpos policíacos y sus bajos salarios les dan el primer empujón hacia la corrupción desde el nivel más básico de los uniformados en cruceros, hasta los mandos superiores que son responsables del combate delictivo.
En el mes de abril ante el pleno de la Cámara de Diputados, el Secretariado del Sistema Nacional de Seguridad Pública, presentó un análisis sobre la preparación de los policías que hay en México, donde 56.1% tiene un nivel de escolaridad básico y 42.58% tiene secundaria a nivel de mandos medios, además sólo 26% de los mandos tiene un coeficiente intelectual medio superior y 47% necesita apoyo psicológico para desarrollar su trabajo.
Para este año el Presupuesto de Egresos de la federación contempla cinco mil millones de pesos al “Fondo de Aportaciones para la Seguridad Pública de los Estados y del Distrito Federal”, sin embargo dicho fondo decreció en 3.4 por ciento en 2008 respecto a 2007 y el gasto para seguridad pública pasó de 50 pesos per capita en 2006 a 45 pesos en 2008.
Dado lo anterior, podemos considerar que la erradicación del fenómeno de la Narcoeconomia no se resuelve sólo con más elementos castrenses en las calles, ni con presupuestos otorgados con carácter discrecional a los Estados, sino con una profesionalización y capacitación de fondo de los cuerpos policíacos, con un trabajo en conjunto y coordinado entre las diferentes dependencias y niveles de gobierno, con la conformación de esquemas de logística y generación de bases de datos consolidadas, que permitan obtener información estratégica para traducirla en sistemas de Inteligencia, con la generación de vínculos con la sociedad que reivindiquen la confianza perdida en las autoridades judiciales, con el estudio, análisis y desarticulación de las redes financieras de lavado de dinero, en suma combatir la delincuencia con inteligencia.

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